Las palabras muchas veces nos engañan. Hablar, entrar en el juego del sentido y la sintaxis, es exponerse al peligro de ir de las palabras a las cosas, de perderse en un mundo sin sentido, sin verdad. Pero aún así, la mayoría de las veces, es poco más lo que nos queda.
Solo a veces, en muy contadas ocasiones, se tiene la sensación infalible de que el trazo era el único posible, de que más allá o más acá de esa nota, de ese verso o de esa acción no hay nada. A veces se da el milagro, tenemos el privilegio, de hacer lo que se debe, lo único correcto entre lo infinito posible.
Un mensaje de navidad, en estos tiempos, corre el riesgo de ser nefasto. Hace unos días recibí las palabras de un amigo que quisiera compartir, al menos en parte con ustedes: “Nunca antes, como hoy, los seres humanos hemos tenido que lidiar con tamaña cantidad de agentes externos e internos a los cuales debemos adaptarnos para poder sobrevivir. El cuerpo de cualquier persona que habite una ciudad y respire, consume cantidades considerables de venenos varios, desechos de la civilización presentes en el aire. Consume alimentos transgenicos, conservantes químicos, elementos tóxicos presentes en la piel de frutos y vegetales fumigados… Bebe aguas que diluyen dia a dia dichos elementos, más los que la industria y las ciudades vuelcan en ella, plomo, metales pesados, cianuro… Aguas subterráneas que recogen las aguas ácidas que contienen la materia que día a día expulsan las chimeneas y los vehículos al cielo…. Pretendemos que todo esto, desaparecerá bajo la alfombra, mágicamente… una mente confundida como la nuestra no ve que desde el mas elemental átomo de hidrogeno a las sofisticadas asociaciones moleculares orgánicas, somos todos partes indivisibles de lo mismo, no hay forma de que algo escape a este ciclo vital. Mientras esto ocurre a diario, de las convenciones mundiales no sale una sola decisión relevante, los presidentes solucionan todo con retórica y obsecuencia a los capitanes de la industria… son indicios claros de que el destino de la humanidad esta en manos y paradigmas equivocados, las consecuencias son catastróficas y nos atañen a todos. El corazón del hombre también se ha contaminado, esta enfermo; ver tantos horrores e injusticias, lo han puesto cínico e insensible, se ha adaptado a la permanente exposición a este caos, considera normales las desviaciones más aberrantes´´
El panorama es triste, pero no por eso deja de ser real. Sin embargo hay signos, coincidencias, ejemplos, que nos alientan a seguir, a buscar, a luchar. La Navidad suele ser tiempo de reflexión. Para el occidente cristiano se yergue la figura del Cristo, del amor incondicional, de la entrega. Pero hay otras, muchas otras, incontables, más cerca y más lejos, históricas, reales, presentes, enormes, pequeñas, y todas ellas hablan de lo mismo, en el fondo, sin importar cual sea la forma de su mensaje, el instrumento de su palabra, nos dan aliento, nos infunden valor, iluminan nuestras mentes: Buda, Ghandi, el Dalai Lama, John Lennon, Bob Marley, quien sea, sin importar nada de nada, que haya levantado el amor como bandera.
Continúo con las palabras de mi amigo: “El uso conciente de la tecnología y las fuentes de energía limpia, el cuidado y uso conciente de los recursos naturales, el establecimiento de la idea de hermandad de todos los hombres, no como utopía romántica, como estrategia de supervivencia, de evolución emocional e intelectual y por sobre todo, la re-educacion del espíritu humano en el seno de una cultura que surja de la conciencia del grave estado en que nos encontramos sumidos, podrían ser las herramientas adecuadas para lograr revertir este nefasto desorden antinatural. El enemigo invisible, camuflado e internacional ha dejado, no obstante un rastro visible; su punto débil, trata de impedir la unión de las conciencias despiertas, sabe que su expansión en masa, acabaría irremediablemente con su tiranía basada en mantener y fomentar la ignorancia, en distraer las energías y la atención de los seres humanos a sombras proyectadas en la pantalla. ´´
Yo no dejo de moverme, de viajar, de ver de contar. Y a cada rato, día a día, encuentro personas, una tras otra, que caminan lentamente en la misma dirección. Me alienta saber que aunque pocos nos estamos encontrando, que vamos tendiendo la red y empezamos a saber que no estamos solos.

De regreso de la escuela de San José - Desierto de LAvalle 13/12/09