
Día de bautismo en Brazos Abiertos
El pasado miércoles 22 de abril, tuve una primera reunión con gente amiga, con el objetivo de comenzar a pensar en concreto la idea de hacer un hogar de niños.
Sin que lo supiéramos, o al menos sin una intención explicita, hicimos nuestra reunión inaugural el día de la tierra. De allí que se me ocurriera el sugestivo nombre de “Madre Tierra, hogar de niños”. No había pasado todavía una semana desde ese primer encuentro, cuando recibo una llamada de una gran amiga, diciéndome que su padre estaba dispuesto a donarnos el establecimiento. Mi felicidad fue indescriptible. De inmediato me asaltó el pensamiento de que el solo hecho de manifestar nuestras intenciones, ya empieza a producir un cambio en el mundo.
El fin de semana pasado fuimos a visitar a un matrimonio de San Rafael que ha dedicado su vida entera al servicio. Nuestra intención era ir a recabar datos de índole más bien práctica: financiamiento, gerencia, donaciones, inscripciones, habilitaciones, organismos, etc., etc., etc. Pero fuimos abandonando de a poco nuestras preguntas a medida que María Luisa avanzaba en su relato, comentando las cosas que para ella eran verdaderamente importantes y que a su criterio nosotros no podíamos dejar de saber. Tanto fue así, que luego recordamos con gracia su única y constante respuesta a nuestras preguntas: “anotála para después, así se las contesto”.
Ni bien entramos a la “obra”, un predio de unas 5 hectáreas en donde a base de esfuerzo personal y donaciones la familia Soler ha construido nada menos que tres casas hogar para niños huérfanos, una escuela y una iglesia, María Luisa, mirándonos fijamente a los ojos, nos dijo que su misión era la “caridad en todo aquello que el Espíritu Santo inspire”.
Seguramente leer esto que voy a escribir a continuación no sea en los más mínimo de su agrado, pero ella, de todos modos, no puede ser dueña de las impresiones que cause en los demás. Tuve la sensación, el privilegio, de sentir que conocía en vida a un corazón santo.
Cuando alguien así habla, despierta en las personas que escuchan un reconocimiento natural que inspira al silencio. Solo un necio se atrevería a realizar observaciones inteligentes, o a esgrimir argumentos que se opongan al relato de su experiencia. Más bien nace el sentimiento de que todo lo que sea dicho por un corazón que halla transitado el sendero, debe ser simplemente escuchado y largamente meditado, ya que porta una sabiduría cuya profundidad y sentido total, nos es difícil de apreciar en un primer momento.
Hoy solo puedo decir que conocer a la familia Soler y su “obra” me ha dejado mucho más tranquilo. Que muchos de mis miedos se han disipado casi por completo. Que su permanente negativa a hablar de aspectos técnicos, e insistir en referirse únicamente a la disposición espiritual y al grado de entrega que se requiere para llevar adelante un proyecto de esa envergadura, es lo que en verdad cada uno de nosotros iba a buscar.
Como reportero inexperto que soy, olvidé llevar mi cámara, así que les debo para la próxima algunas imágenes. Se que estoy en deuda con sus ojos.
[...] Durante el mes de febrero, en el post titulado “Proyectos desafío”, hablé sobre la intención de hacer un hogar de niños huérfanos. En abril tuvimos la primera reunión concreta con respecto al proyecto, tal como mencioné en “Madre tierra, hogar de niños”. [...]